Un niño de tres años no aprende a hablar sentándose delante de una ficha de vocabulario.
Escucha. Observa. Imita. Se equivoca. Vuelve a intentarlo. Canta la misma canción veinte veces (aunque nosotros ya no podamos escucharla una vez más 😅). Juega, pregunta, repite… y, casi sin darse cuenta, aprende.
Entonces, ¿por qué iba a ser tan diferente con el inglés?
Primero jugar. Después, todo lo demás.
Cuando hablamos de aprender inglés desde pequeños, a veces tenemos demasiada prisa.
Queremos que sepan colores, números, animales, partes del cuerpo… y, si puede ser, que lleguen a casa recitando una lista para comprobar todo lo que han aprendido ese día.
Pero aprender un idioma es mucho más que acumular palabras.
A estas edades, lo realmente importante es que el inglés empiece a resultarles familiar. Que entiendan pequeñas instrucciones, que reconozcan expresiones, que canten, que jueguen y que se atrevan a utilizar alguna palabra sin sentir que están haciendo un ejercicio.
En definitiva: que el inglés forme parte de lo que está pasando.
¿Y si todavía no habla inglés?
No pasa nada.
Antes de empezar a hablar, hay muchísimo aprendizaje que no vemos.
Un niño puede entender sit down, let’s go, tidy up o where is the…? mucho antes de utilizarlas espontáneamente.
La comprensión llega antes que la producción. También ocurrió cuando aprendió su lengua materna.
Por eso no necesitamos convertir cada actividad en una prueba para comprobar “qué sabe”. Necesitamos darle oportunidades para escuchar, comprender, participar y, cuando esté preparado, hablar.
Jugar no significa “no estar aprendiendo”
Esta es probablemente una de las ideas que más nos gusta defender.
Cuando un niño juega en inglés, canta, hace una manualidad, escucha un cuento o participa en una actividad de movimiento, desde fuera puede parecer simplemente eso: que está jugando.
Pero están pasando muchas cosas.
Está escuchando sonidos nuevos. Asociando palabras con acciones. Comprendiendo instrucciones. Repitiendo estructuras. Desarrollando confianza. Aprendiendo a comunicarse.
Y todo ello sin tener la sensación de estar “estudiando inglés”.
Ahí está precisamente la magia.
Así nace Playlab
Esta forma de entender el aprendizaje es la que está detrás de Playlab, nuestra metodología para niños y niñas de 2 a 5 años en Enhouse.
Un espacio para jugar, experimentar, moverse, crear, escuchar y descubrir el inglés de manera natural, respetando el ritmo de cada peque.
Porque a los tres años no necesitamos que sepan explicar qué es el present simple.
Necesitamos que entren por la puerta con ganas de descubrir qué vamos a hacer hoy.
El resto llegará.
Play. Explore. Learn.
Think outside the box.